Enviado: 16.10.2007 13:08
Como el año pasado, hemos decidido viajar al Sur en este puente del Pilar. Este año la "expedición" la forman: Patri, Samu, Jon y Unai.
Jon ya subió con sólo 5 años al Mulhacén; este año Unai no va en la mochila, y lo va a intentar, aunque teniendo presente que 4 años son pocos años para un tresmil, y solo se hará lo que se pueda.
Salimos de Madrid el viernes 12, algo más tarde de lo previsto, por lo que llegamos al refugio Poqueira ya de noche. Menos mal que hubo dos turnos de cenas y pudimos tomar algo caliente antes de ir a la cama !!
Nos levantamos a las 7.15am. Desayunamos, preparamos las mochilas y comenzamos a andar sobre las 9 de la mañana en un magnifico dia despejado, aunque frío. El plan era acompañar a Samu hasta donde las piernecitas de Unai llegaran, y luego nos encontraríamos en la bajada.
Avanzamos por el sendero del río, que asciende cómodamente por su margen derecha.

Patri y Unai durante la ascensión por el camino del río.
Por el camino pudimos ver muchos insectos, una especie de grillos, que Unai rebautizó como “JUANJOLS”, lo cual nos hacía mucha gracia.

Contando animalitos, hitos y con la cara fría por ir casi todo el camino a la sombra, casi sin darnos cuenta llegamos a la pista, en la falda del Mulhacén y junto al refugio-vivac de “La Caldera”. Habíamos tardado un poco menos de 2 horas, lo cuál nos animó a continuar.

Samu y Jon en la pista, en la falda del Mulhacén. El refugio de La Caldera al fondo
La pendiente final, a pesar de suponer “sólo” 300m de desnivel, es muy mantenida y con terreno suelto y pedregoso, por lo que fue la parte que más costó a Unai. Jon por su parte iba disfrutando de la actividad, como quien va de paseo, lo cual desmoralizaba a los adultos montañeros que subían jadeando, y a los que Jon iba recordando que, al contrario que él, iban sin mochila.

Patri y Unai durante el último tramo de la ascensión.
Por fín se ve la cumbre. El vértice y la gente en la cima subieron la moral de Unai que quiso hacer los últimos metros solo y a buen paso. Realmente no daban crédito a lo que estaban viendo (a nosotros también nos había sorprendido su resistencia ¡). Tras 4h15 la ansiada cumbre, y sobre todo la mejor recompensa: la comida.

Jon, Samu y Unai en la cumbre
La bajada se hizo más dura para Unai, que acumulaba todo el desnivel de subida. Pero una vez llegamos de nuevo a la pista y el desnivel disminuyó, todo cambió. Bajamos entonces a mejor ritmo y a las cuatro y media de la tarde estábamos en el refugio. Tras un tentempié pasamos la tarde jugando al dominó y el parchís, y recordando la jornada.
Pasamos un fin de semana fantástico !!

En el refugio, al regreso, contentos por la ascensión.









Un besito a los 2 cruces de su tio parisino !!!
a ver si puedo subir una montaña con vosotros algún día!!
hasta luego !!